Blancos y mariscos

Dicen los expertos que los mejores mariscos hay que consumirlos en la temporada de septiembre hasta abril, pero los modernos procesos de reproducción y cría de mariscos hace que hoy en día se puedan degustar en perfectas condiciones todos los meses del año. Y en cuestión de maridaje con los vinos, su mejor aliado recae irremediablemente en los vinos blancos secos, incluidos los espumosos. En este estadio no hay concesiones a otros colores, sabores, emboques y texturas más intensas. Los mariscos, ya sean crudos o cocinados, se sitúan en el aperitivo y casi siempre al principio de un menú, por lo que hay que aplicar la lógica a la hora de elegir el vino. Los vinos blancos, desde el más nervioso al más carnoso, del más joven al más maduro, o del más seco al más suave, son los más idóneos para acompañar los mariscos en toda su amplia gama. Es una alianza que casi siempre roza la perfección porque la ausencia de taninos en los vinos blancos aligera su estructura, define un paladar más diáfano y preparado para atrapar y disfrutar de los exquisitos sabores yodados y marinos de los mariscos, y su gentil y puntillosa acidez borra el posible exceso de salado y al mismo tiempo lo exalta cuando es necesario. Son vinos muy polivalentes y ágiles, y la oferta de zonas vinícolas y marisqueras son muchas y suficientemente amplias para encontrar vino y marisco en su mejor armonía de proximidad.

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